La relación con nuestros padres comenzó a moldear  nuestra personalidad. Luego, la escuela y la religión que hayamos practicado se convirtieron en los pilares con los que fuimos definiendo nuestras prioridades para relacionarnos. Más tarde, la familia y los amigos nos fueron  mostrando fuera de nosotros, como en un espejo, el mundo que habíamos creado en nuestro interior.

Así, las relaciones nos siguen definiendo y también nosotros vamos definiendo a otros al relacionarnos.

Este no es un juego de víctimas y victimarios, sino más bien un encuentro donde dos energías –sean personas, situaciones o lugares– se reflejan para poder mostrarse mutuamente aquello que solas, por separado, no podrían ver.

Las relaciones nos ayudan a ver afuera nuestro mundo interno, dejando al descubierto nuestras partes oscuras y las que siguen a media luz. Y como ambos somos parte de la relación, cuando modificamos nuestra energía, la otra parte no demora en mostrar el cambio que hemos realizado.

Esa es la razón por la que nos relacionamos y cuando lo entendemos de esta manera no podemos verlo sino como un regalo. Las relaciones son como maestros que llegan a enseñarnos algo de nosotros mismos. Cuando convocamos energéticamente a que alguien llegue a nuestra vida, su aparición viene a ofrecernos una oportunidad más para mirarnos por dentro, pero desde afuera.

En cuanto a las parejas, todos tenemos, en alguna  medida, un ideal de la persona que deseamos encontrar y un tipo de relación que queremos tener. Pero, hasta que no renunciemos a buscar ese ideal y aceptemos honestamente nuestras posibilidades en este momento, nos mantendremos frustrados porque nos parecerá que somos incapaces de crear esa experiencia.

Cuando estamos en una pareja, esta sensación de no llegar al ideal está siempre presente. No sentimos la relación  como una experiencia completa. Cuando llegamos a este punto es el momento de darnos cuenta que, muchas veces, estamos persiguiendo un formato de relación que fue edulcorado por el cine, la lista de la pareja ideal de un libro, nuestras historias familiares o los consejos de los demás, pero que nunca fue un guión escrito para la relación que estamos viviendo.

Y como cada relación tiene su propia identidad, hasta que no desistamos a perseguir el sueño de otros y nos dediquemos a crear una historia nueva para nuestra relación, no podremos superar esta angustia constante de sentirnos insatisfechos.

Tomado del libro: Relaciones: vivir en armonía

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