Cuando hay miedo de mi parte, a la culpa trato de ponérsela al otro. Y cuando no encuentro motivos, los busco o los invento hasta encontrarlos. Y creo que por allí vas, buscando razones para justificar esto que sientes. Observa si realmente quieres quedarte en la relación. Y revisa, también, qué es lo que quieres de la relación.
A veces, elegimos tener estas dinámicas, como los celos o hacer que la otra persona nos maltrate (no hablo de lo físico, sino a través de sus actitudes). A veces necesitamos ese tipo de dramas porque sentimos que si hay drama hay amor. Pero, contrario a esto, si hay amor hay paz. Y, en este momento, tú no estás en paz. Es decir, no hay amor, lo que hay es drama.
Pregúntate qué necesitas, qué quieres, qué buscas contigo y que buscas de esta relación para que puedas estar clara y ser coherente con lo que estás buscando.
Porque uno hace espacio en su vida para lo que realmente busca. Uno siempre es coherente con lo que la mente sostiene. Claro, no es coherente con lo que uno cree que quiere, pero sí con lo que estás buscando de verdad. Muchas veces, con lo que tememos. Si uno está tratando de destruir una relación es porque realmente no quiere estar en paz ni quiere estar en esa relación. No puedes destruir lo que quieres salvar o donde quieres estar. No sé con certeza si quieres estar en la relación, pero, al menos, está claro que no quieres estar en paz. Entonces, pregúntate qué quieres, que intentas lograr haciendo esto.

Cuando te escuches, internamente, lo que realmente quieres, observa si eso que quieres coincide con lo que estás haciendo. Y desde allí vas a nacer la voluntad de querer cambiar. Aquiétate y pregúntate ¿Por qué estoy haciendo esto y qué es lo que realmente me suma o no a lo que realmente quiero?

Cuando pongas orden entre lo que quieres y lo que haces, estoy seguro que naturalmente te sentirás más segura de ti y de tu relación. No te digo que vas a cambiar radicalmente, que perderás el interés de revisar su teléfono. Quizás vas a estar con la mano sobre el teléfono, pero vas a decir: “No gracias, porque esto no me está dando lo que yo necesito, esto no me está sumando a mi propósito”.

Lo único que nos saca de ese tipo de locuras es que estemos claros respecto de dónde estamos parados. Y poder reconocer, con humildad, si donde estamos parados nos lleva hacia dónde queremos estar.